miércoles, 7 de septiembre de 2016

Una gran ventana al universo

¡Eureka! La confirmación de la existencia de las ondas gravitacionales, enunciadas hace un siglo por el físico alemán Albert Einstein dentro de su teoría de la relatividad general, marca, sin duda, un hecho histórico para la ciencia.

Aun así, muchos siguen sin comprender la verdadera importancia de un hallazgo intangible, en un mundo cargado de pragmatismo. La verdad sea dicha, sus alcances desbordan la entelequia científica y proporcionan, a los estudiosos del universo y sus orígenes, un nuevo sentido para entenderlo.

Hasta ahora, los investigadores se relacionaban con él a través de la “vista”, toda vez que solo podían valerse de la luz, con sus ondas de radiación o electromagnéticas, entre otras. Con este hallazgo los estudiosos adquieren una especie de oído, a través del cual podrán percibir señales nuevas de lo que ocurre, o ha ocurrido, en el vasto universo, incluso desde su nacimiento.

De hecho, el 14 de septiembre los científicos de Ligo (Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría de Láser, en español), que reúne a mil investigadores de 80 centros de 15 países recibieron la información de la colisión de dos agujeros negros de 36 y 29 veces la masa del Sol, ocurrida a 1.300 millones de años luz de la Tierra.

La cacería de dicha información, contenida en las ondas gravitacionales, es toda una proeza científica que constituye, según expertos y profanos, un milagro tecnológico. No es gratuito, valga decirlo, que los mejores físicos del mundo tardaron cien años en lograrlo.

El mérito es aún mayor si se tiene en cuenta que, al concretar esta tarea, Ligo pudo comprobar la última teoría de Einstein que faltaba por confirmar en la práctica.

No es exagerado decir que medir ondas gravitacionales, desde que la revista 'Physical Reviews Letter' avaló el hallazgo el jueves pasado, es explorar en los dominios de la oscuridad del universo todos los fenómenos que hasta ahora se nombraban, con base en ecuaciones.

Para el físico británico Stephen Hawking, detectar estas ondas tiene la capacidad de revolucionar toda la astronomía e incluso brindar la posibilidad de ver con naturalidad los vestigios del universo primordial, desde el mismo 'big bang' y, de paso, familiarizar al mundo con el concepto esquivo del espacio-tiempo.

El espacio se curva

Pero pocos años antes del nacimiento de Albert, dos grandes físicos británicos, Faraday y Maxwell, añadieron un ingrediente al frío mundo de Newton: el campo electromagnético. El campo es una entidad real difundida por todas partes, que transporta las ondas de radio, llena el espacio, puede vibrar y ondular como la superficie de un lago, y “pone en circulación” la fuerza eléctrica. Einstein se sentirá fascinado ya de muchacho por el campo electromagnético, que hace girar los rotores de las centrales eléctricas que construye papá, y pronto comprende que también la gravedad, como la electricidad, debe ser transportada por un campo: ha de existir un “campo gravitatorio”, análogo al “campo eléctrico”; e intenta entender cómo puede estar constituido dicho campo gravitatorio y qué ecuaciones pueden describirlo.
Y aquí llega la idea extraordinaria, el puro genio: el campo gravitatorio no está difundido en el espacio: el campo gravitatorio es el espacio. Esa es la idea de la teoría de la relatividad general.
El “espacio” de Newton, en el que se mueven las cosas, y el “campo gravitatorio”, que transporta la fuerza de gravedad, son una misma cosa.
Es una revelación. Una impresionante simplificación del mundo: el espacio ya no es algo distinto de la materia, es uno de los componentes “materiales” del mundo. Una entidad que ondula, se dobla, se curva, se tuerce. No estamos contenidos en una invisible estantería rígida: nos hallamos inmersos en un gigantesco molusco flexible. El Sol dobla el espacio en torno a sí, y la Tierra no gira a su alrededor atraída por una misteriosa fuerza, sino porque discurre en línea recta en un espacio que se inclina. Como una bolita que rodara en un embudo: no hay “fuerzas” misteriosas generadas por el centro del embudo; es la propia naturaleza curva de las paredes la que hacer girar la bolita. Los planetas giran alrededor del Sol y las cosas caen porque el espacio se curva.
¿Cómo describir esta curvatura del espacio? El más grande matemático del siglo XIX, Carl Friedrich Gauss, ‘príncipe de los matemáticos’, había ideado la formulación matemática que describía las superficies curvas bidimensionales, como la superficie de las colinas. Luego le había pedido a un buen alumno suyo que la generalizara a los espacios curvos de tres o más dimensiones. Y el alumno, Bernhard Riemann, había elaborado una pesada tesis doctoral, de las que parecen completamente inútiles.
El resultado era que las propiedades de un espacio curvo son captadas por cierto objeto matemático que hoy conocemos como curvatura de Riemann y representamos con una R. Einstein escribe entonces una ecuación que dice que R es proporcional a la energía de la materia. Es decir, el espacio se curva allí donde hay materia. Eso es todo. La ecuación ocupa media línea, nada más. Una visión –el espacio que se curva– y una ecuación.
Pero dentro de esta ecuación hay todo un universo rutilante. Y aquí se inicia la riqueza mágica de la teoría. Una fantasmagórica sucesión de predicciones que parecen los delirios de un loco, pero que sin embargo han sido todas ellas verificadas por la experiencia.
Para empezar, la ecuación describe cómo se curva el espacio alrededor de una estrella. A causa de esta curvatura, no solo los planetas orbitan alrededor de la estrella, sino que también la luz deja de viajar en línea recta y se desvía. Einstein predice que el Sol desvía la luz. En 1919 se realiza la medición, y resulta ser cierto.
Pero no es solo el espacio el que se curva: también lo hace el tiempo. Einstein predice que el tiempo transcurre más deprisa arriba y más despacio abajo, cerca de la Tierra. Se mide, y resulta ser cierto. Por poca diferencia, pero el gemelo que ha vivido en el mar se encuentra con que el gemelo que ha vivido en la montaña es algo más viejo que él. Y es solo el principio.
Cuando una gran estrella ha quemado todo su combustible (el hidrógeno), termina por apagarse. Lo que queda ya no se sustenta por el calor de la combustión y se colapsa aplastado bajo su propio peso, hasta curvar tan fuertemente el espacio que llega a precipitarse dentro de un auténtico agujero. Son los famosos “agujeros negros”. Cuando yo estudiaba en la universidad, estas eran predicciones poco creíbles de una teoría esotérica. Hoy se observan en el cielo centenares, y son estudiadas con todo detalle por los astrónomos. Pero hay más.
El espacio entero puede extenderse y dilatarse; mejor dicho, la ecuación de Einstein indica que el espacio no puede mantenerse inmóvil, debe estar en expansión. En 1930 se observó, de hecho, la expansión del universo. La misma ecuación predice que la expansión tiene que ser el resultado de la explosión de un joven universo pequeñísimo y calentísimo: es el Big Bang. Una vez más, nadie lo cree, pero las pruebas se acumulan, hasta que se observa en el cielo la “radiación cósmica de fondo”: el difuso resplandor que queda del calor de la explosión inicial. La predicción de la ecuación de Einstein es correcta.
Y, de nuevo, la teoría predice que el espacio se encrespa como la superficie del mar; los efectos de esas “ondas gravitatorias” se observan en el cielo en las estrellas binarias, y encajan con las previsiones de la teoría con la pasmosa precisión de una parte sobre cien mil millones. Y así sucesivamente.
En suma, la teoría describe un mundo colorido y asombroso, donde explotan universos, el espacio se precipita en agujeros sin salida, el tiempo se ralentiza al descender sobre un planeta, y las ilimitadas extensiones del espacio interestelar se encrespan y ondean como la superficie del mar..., y todo esto, que iba surgiendo poco a poco de mi libro roído por los ratones, no era una fábula contada por un idiota en un arrebato de furor, o el efecto del ardiente sol mediterráneo de Calabria, una alucinación sobre el centelleo del mar. Era realidad.
O mejor, una mirada a la realidad, algo menos velada que la de nuestra ofuscada banalidad cotidiana. Una realidad que parece hecha, también ella, de la materia de la que están hechos los sueños, pero, sin embargo, más real que nuestro nebuloso sueño cotidiano.
Todo esto es el resultado de una intuición elemental: el espacio y el campo son una misma cosa. Y de una sencilla ecuación, que no me resisto a copiar aquí; aunque seguramente mi lector no sabrá descifrarla, quisiera que al menos constatara su gran simplicidad: Rab - ½ Rgab =Tab
Eso es todo. Ciertamente, se requiere seguir cierto aprendizaje para digerir las matemáticas de Riemann y dominar la técnica necesaria para leer esta ecuación. Hace falta algo de empeño y esfuerzo. Pero menos del que se necesita para llegar a sentir la enrarecida belleza de uno de los últimos cuartetos de Beethoven. En uno y otro caso, el premio es la belleza, y unos ojos nuevos para ver el mundo.

La ciencia demuestra que las predicciones de Einstein eran ciertas

De joven, Albert Einstein pasó un año entero haraganeando ocioso. Si no se pierde el tiempo, no se llega a ningún sitio, algo que los padres de los adolescentes olvidan a menudo. Estaba en Pavía. Había vuelto con su familia tras dejar los estudios en Alemania, donde no soportaba el rigor del instituto. Era a comienzos de siglo, y en Italia se iniciaba la Revolución Industrial. Su padre, que era ingeniero, instalaba las primeras centrales eléctricas en la llanura del Po. Albert leía a Kant y a ratos perdidos asistía a clases en la Universidad de Pavía: por diversión, sin matricularse ni hacer exámenes. Es así como se llega a ser científico en serio.
Luego se matricularía en la Universidad de Zúrich y se sumergiría en la física. Pocos años después, en 1905, enviaba tres artículos a la principal revista científica de la época, los Annalen der Physik. Cada uno de los tres era digno de un premio Nobel. El primero mostraba que los átomos realmente existen. El segundo abría la puerta a la mecánica de los cuantos, de la que hablaré en la próxima lección. El tercero presentaba su primera teoría de la relatividad (hoy llamada ‘relatividad restringida’), la teoría que explica que el tiempo no transcurre igual para todos: dos gemelos se encuentran con que ya no tienen la misma edad si uno de ellos ha viajado a gran velocidad.

Einstein se convierte de repente en un científico de renombre y recibe ofertas de trabajo de varias universidades. Pero algo lo turba: su teoría de la relatividad, por muy célebre que se haya hecho de inmediato, no cuadra con cuanto sabemos sobre la gravedad, es decir, acerca de cómo caen las cosas. Se da cuenta de ello escribiendo una reseña sobre su teoría, y se pregunta si la vetusta y rimbombante “gravitación universal” del gran padre Newton no debería ser revisada a su vez a fin de hacerla compatible con la nueva relatividad. Se sumerge en el problema. Harán falta diez años para resolverlo. Diez años de enloquecidos estudios, tentativas, errores, confusión, artículos equivocados, ideas fulgurantes, ideas erróneas... Por fin, en noviembre de 1915, da a la imprenta un artículo con la solución completa: una nueva teoría de la gravedad, a la que da el nombre de ‘teoría de la relatividad general’, su obra maestra. La “teoría científica más hermosa”, la denominaría el gran físico ruso Lev Landau.
Hay obras maestras absolutas que nos emocionan intensamente: el Réquiem de Mozart, la Odisea, la capilla Sixtina, El rey Lear... Para captar todo su esplendor quizá debamos realizar cierto aprendizaje. Pero el premio es la pura belleza. Y no solo eso: también que nuestros ojos se abran a una nueva mirada al mundo. La relatividad general, la joya de Albert Einstein, es una de ellas.
Recuerdo la emoción cuando empecé a entender algo. Era verano. Estaba en una playa de Calabria, en Condofuri, inmerso en el sol de esta región helénica del Mediterráneo, en la época de mi último año de universidad. En los períodos de vacaciones es cuando mejor se estudia, porque no se tienen las distracciones de la escuela. El municipio de Condofuri está situado en la Bovesia, una zona geográfica de la provincia de Reggio Calabria donde se habla una lengua estrechamente emparentada con el griego antiguo.
Estudiaba un libro con los márgenes roídos por los ratones, ya que lo había utilizado para tapar las madrigueras de esas pobres bestezuelas, por la noche, en la casa desvencijada y algo hippie situada en la colina umbra adonde acudía para huir del aburrimiento de las clases universitarias de Bolonia. De vez en cuando levantaba los ojos del libro para contemplar el centelleo del mar: me parecía ver la curvatura del espacio y del tiempo imaginada por Einstein.
Era como magia: como si un amigo me susurrase al oído una extraordinaria verdad oculta, y de repente apartara un velo de la realidad para desvelar un orden más simple y profundo. Desde el momento en que aprendimos que la Tierra es redonda y gira como una peonza enloquecida comprendimos que la realidad no es como se nos presenta: cada vez que entrevemos un nuevo fragmento de ella nos produce emoción. Otro velo que cae.
Pero entre los numerosos saltos adelante de nuestro saber, ocurridos uno tras otro a lo largo de la historia, el realizado por Einstein probablemente no tiene parangón. ¿Por qué? En primer lugar, porque una vez se entiende cómo funciona, la teoría resulta ser de una simplicidad asombrosa. Resumo la idea:
Newton trató de explicar la razón por la que las cosas caen y los planetas giran. Imaginó una “fuerza” que tira de todos los cuerpos, unos hacia otros: la llamó ‘fuerza de gravedad’. Cómo hacía esa fuerza para tirar de cosas que estaban lejos unas de otras, sin que hubiera nada en medio, era algo que no nos era dado saber, y el gran padre de la ciencia se guardó cautelosamente de aventurar hipótesis. Newton también imaginó que los cuerpos se movían en el espacio, y que el espacio era un gran contenedor vacío, una gran caja para el universo. Una inmensa estantería en la que los objetos discurren en línea recta hasta que una fuerza los hace curvarse. De qué estaba hecho ese «espacio», contenedor del mundo, inventado por Newton, era algo que tampoco nos era dado saber.

Los taxis espaciales / Análisis

Cuando comenzó la carrera espacial en 1957 con el lanzamiento del satélite Sputnik 1, las dos grandes potencias del momento, Estados Unidos y la Unión Soviética se convirtieron en naciones contrincantes, en una rivalidad tecnológica cuyo principal objetivo era la conquista del espacio.
Nadie habría imaginado que medio siglo después la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, más conocida como NASA, dependería de las naves rusas para poder viajar al espacio.

Como consecuencia del retiro del programa de naves espaciales en el 2011, la NASA ha dependido de los vehículos Soyuz para poder enviar personas y suministros a la Estación Espacial Internacional (EEI).
Para la primera potencia mundial, esta situación no es muy agradable y están haciendo grandes esfuerzos para dejarla atrás. La tensa situación política actual con Rusia ha acelerado el interés para restaurar la capacidad estadounidense para tener mas control sobre su programa espacial, y hace tan solo unas semanas la NASA anunció que contará con "taxis" que llevarán al espacio a sus astronautas.
Estos vehículos serán desarrollados por compañías privadas y la NASA deberá entonces subcontratar el transporte, pero con un costo menor que los 70 millones de dólares que cobra Rusia por poner a un astronauta en la EEI. Las empresas privadas se han convertido en actores importantes en la conquista del espacio en este nuevo milenio, especialmente en lo que respecta al turismo espacial.
Se anunció que las compañías encargadas de suministrar los vuelos serán Boeing y Space X. La primera, fundada por William E. Boeing a comienzos del siglo pasado, tiene una amplia trayectoria en el campo de la aviación, pero también en construcción de cohetes y satélites.
Su modelo CST-100 podrá llevar hasta siete tripulantes a la EEI y tiene cierta similitud con las antiguas naves Apollo, aunque con una tecnología de última generación. Por su parte, Space X, con tan solo 12 años de experiencia, ya cuenta con importantes desarrollos bajo el mando de Elon Musk - cofundador de PayPal y Tesla Motors entre otras múltiples compañías.
De hecho su nave Dragon ya ha viajado en varias oportunidades a la EEI para llevar suministros, y nuevas actualizaciones le permitirán transportar humanos. Se espera que para el 2017 los "taxis" de la NASA entren en operación.

Desde el espacio buscan sitios del mundo con más contaminación de luz

¿Podría identificar alguna ciudad de Colombia si la viera a 400 kilómetros de altura y convertida en un croquis de luces?
No es un trabajo fácil, incluso para astronautas de la Estación Espacial Internacional (EEI), que, mediante fotos desde el espacio, retratan a diario todo lo que ven. Investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (España) crearon el proyecto independiente Cities at Night, con el que se han propuesto investigar, con imágenes archivadas, la contaminación lumínica en el planeta Tierra. La Nasa, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Canadiense, entre otras, han difundido la iniciativa.


Alejandro Sánchez de Miguel, estudiante de doctorado del Departamento de Astrofísica y Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Complutense de Madrid y uno de los fundadores del proyecto, dice que la contaminación lumínica es la modificación del medioambiente nocturno debido a la introducción de luz artificial.
Esto puede generar afectaciones en el ecosistema y en la salud, como procesos irritativos visuales en personas susceptibles o alteraciones en los ciclos de sueño ante exposiciones prolongadas.
“Por ejemplo, los insectos o aves nocturnas, a pesar de que están acostumbradas a andar en la oscuridad y a la luz natural de la Luna –que no produce contaminación lumínica–, muchas veces se sienten atraídos por la luz artificial y enloquecen o pueden llegar a morir”, explica.
Para lograr su propósito, buscan voluntarios. La tarea es tratar de identificar ciudades del mundo entre esas diminutas y radiantes lucecitas, como las que se ven de noche desde un avión o desde un mirador en lo alto de una ciudad, pero tomadas desde el espacio.

Hallan agua en casco de astronauta de la EEI tras caminata espacial

Dos astronautas de la Estación Espacial Internacional (EEI) terminaron el miércoles una segunda caminata espacial de rutina, pero el hallazgo de agua en el casco de uno de ellos elevó preocupaciones sobre la seguridad de los trajes de la NASA.
Barry Wilmore, comandante de la tripulación de seis miembros de la estación, y Terry Virts, un ingeniero de vuelo, salieron de la estación para instalar los equipamientos necesarios para el amarre de futuras cápsulas comerciales estadounidenses tripuladas a partir de 2017. Pero, al completar el retorno, se había formado una acumulación de agua "en la parte frontal de su casco (de Virts) a la altura de los ojos", dijo la astronauta italiana Samantha Cristoforetti a la misión de control en Houston, Texas (sur de EEUU).

La acumulación de agua era "de cerca de tres pulgadas (7,6 cm) de diámetro", dijo Cristoforetti. Virts no estaba en peligro, si bien la cantidad de agua aumentó respecto al primer momento en que el astronauta la percibió.
Los dos mecánicos espaciales se reintegraron a la cámara de descompresión de la EEI a las 18H34 GMT, luego de una salida de seis horas 43 minutos.
Virts no reportó ningún problema durante la salida y el comentador de la NASA Rob Navias dijo que el problema no era "tan severo" como cuando casi se ahogó el italiano Luca Parmitano, quien debió volver a toda prisa a la estación en 2013 cuando comenzó a acumularse agua en su casco.

Ratones desarrollan problemas de hígado tras 13 días en órbita

Ratones de laboratorio que pasaron solamente dos semanas en órbita muestran tempranas señales de problemas de hígado al retornar a Tierra, aumentando la preocupación sobre las consecuencias que pueda tener para el hombre una larga permanencia en el espacio, señalaron investigadores en un estudio publicado en la revista "PLOS ONE".
La NASA ya estudia los efectos a largo plazo de los viajes espaciales sobre el cuerpo humano y recientemente envió a uno de sus astronautas veteranos, Scott Kelly, en una misión de 340 días en la Estación Espacial Internacional (EEI), junto a un cosmonauta ruso.

"Antes de este estudio no teníamos mucha información sobre el impacto de los viajes espaciales sobre el hígado", dijo Karen Jonscher, principal autora del estudio y profesora asociada de anestesiología y médica del Anschutz Medical Campus de la Universidad de Colorado.
"Sabíamos que los astronautas con frecuencia retornan con síntomas de diabetes, pero normalmente se resuelven rápidamente", agregó.
Los ratones pasaron 13 días y medio a bordo de la nave Atlantis en el 2011, luego de lo cual los investigadores constataron el desarrollo de algunas células que pueden dañar el hígado a largo plazo, incremento de la grasa en el órgano e indicadores de comienzos de fibrosis.
"Si un ratón muestra crecientes señales de fibrosis sin un cambio de dieta en 13,5 días, ¿qué le puede pasar al hombre?", preguntó Jonscher. "Si esto es un problema o no, es una pregunta abierta", agregó.

La cápsula Cygnus llegó a la Estación Espacial Internacional

La cápsula no tripulada Cygnus, de la firma privada estadounidense Orbital ATK, llegó eeste sábado a la Estación Espacial Internacional (ISS) para una nueva misión de aprovisionamiento por cuenta de la Nasa, confirmó la empresa.

La nave lleva 3,6 toneladas de provisiones, vestimenta, equipos, piezas de repuesto y material destinado a 250 experimentos científicos que se realizan en la estación orbital.

Cygnus, que fue lanzada este martes en la noche desde Florida con un cohete Atlas V de United Launch Alliance, fue capturada en el espacio por el brazo robótico de la ISS el sábado a las 10H51 GMT.

Su acoplamiento al puesto orbital ocurrió a las 14: 52 hora local, informó Orbital en un comunicado.

Cygnus permanecerá acoplada a la ISS durante dos meses. Antes de abandonar la estación, sus seis tripulantes la cargarán con dos toneladas de desechos y equipos usados. Cuando esté lo suficientemente lejos de la ISS, los ingenieros de la Nasa desencadenarán voluntariamente un incendio en la cápsula para evaluar el tamaño y extensión de las llamas y medir el calor y las emisiones de gas en condiciones de ingravidez.
Unos días después de este experimento inédito, Cygnus entrará a la atmósfera y se desintegrará sobre el océano Pacífico.
Se trata de la quinta misión de suministro de la ISS que realiza Cygnus y la segunda desde diciembre, cuando se reanudaron los vuelos de Orbital ATK tras la explosión de su cohete Antares en 2014 poco después de su despegue.
Orbital tiene previstas otras dos misiones de carga a la ISS en 2016. La próxima será a bordo de un Antares a principios del verano boreal.

martes, 6 de septiembre de 2016

Aldea en la Luna, el posible reemplazo de la Estación Espacial

El nuevo jefe de la Agencia Espacial Europea (ESA) insistió este viernes con su idea de una aldea multinacional de investigación en la Luna para suceder a la Estación Espacial Internacional (EEI).
Por ahora se trata solo de una idea -considerada descabellada por algunos- pero Jan Woerner asegura que de momento es la única opción que está sobre la mesa. La idea consiste en una base de exploración lunar ocupada por robots y humanos que potencialmente serviría de escala para viajes espaciales y sitio de extracción de minerales.

"No se trata de construir casas, un ayuntamiento y una iglesia", dijo Woerner, que dirige la ESA desde julio pasado. La aldea lunar –aclaró-, tendrá "usos y usuarios múltiples". "A cierto país tal vez le interese más la ciencia, a otro poner una empresa minera privada y otro usar la Luna como base de exploraciones más lejanas", explicó Woerner a la prensa en París.
"Este es el esquema general y, por supuesto, ahora estamos discutiendo a nivel mundial para saber si hay interés suficiente", destaca. El momento de hacerlo –precisó-, sería "después de la EEI".

Esta es la primera flor nacida en el espacio

La agencia espacial estadounidense Nasa presentó las fotos de la primera flor que ha crecido en la Estación Espacial Internacional (EEI), como parte de un experimento de dos años para cultivar plantas en el espacio.
Pese a que los astronautas ya han conseguido plantar lechugas y otros vegetales en su huerto espacial, esta es la primera vez que las flores, del género de las 'Zinnias', se abren fuera de la gravedad de la Tierra.

El astronauta estadounidense Scott Kelly celebró el hito en Twitter con un mensaje en el que destacó "el debut de la primera flor nacida en el espacio".El experimento con flores se inició el pasado 16 de noviembre cuando el astronauta Kjell Lindgren activó las semillas de zinnias, un proceso que se ha demostrado más complicado de lo esperado.
En diciembre, Kelly encontró que las plantas de zinnias no estaban creciendo con toda la fuerza que se esperaría, algo que llevó a que se creara un manual para mantener un jardín espacial.
Las plantas comenzaron a sufrir cuando un hongo apareció en ellas, resultado de la alta humedad en la EEI. No obstante, Kelly consiguió devolver el brío a las zinnias, que ahora son consideradas las primeras flores que han completado el ciclo de crecimiento en el espacio hasta su florecimiento.

Cápsula Dragon, de SpaceX, partió exitosamente hacia la ISS

La empresa estadounidense SpaceX lanzó, en la madrugada del lunes, su cápsula no tripulada Dragon hacia la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), con una carga de 2,2 toneladas.
El lanzamiento se produjo a las 00H45 (04H45 GMT) del lunes, como estaba previsto, desde Cabo Cañaveral (Florida), según imágenes en directo transmitidas por la Nasa. Asimismo, la primera sección del cohete de lanzamiento Falcon 9, de 70 metros de altura, logró regresar y aterrizar exitosamente unos diez minutos después del despegue.

La misión de control de SpaceX estalló en vítores mientras las imágenes en directo mostraban el aterrizaje de la primera sección del cohete. SpaceX, fundada y dirigida por el magnate Elon Musk, había logrado esta delicada maniobra para regresar la primera sección del lanzador cuatro veces antes, una en una granja de Florida y tres en una plataforma en el océano Atlántico.
Pero había fracasado en su último intento, en junio, de posar la primera sección del Falcon 9 en una plataforma en el mar. La empresa californiana busca recuperar esta parte de su cohete para reutilizarlo y optimizar los costos de lanzamiento.
Hasta ahora, la primera sección de los cohetes, muy costosos de construir, se destruían al ingresar a gran velocidad en la atmósfera. En abril, el fundador y director ejecutivo de SpaceX, Elon Musk, había indicado que el costo de producción del lanzador era de 60 millones de dólares y que el combustible del cohete costaba 300.000 dólares. –

Un lustro sin el transbordador espacial

Mientras usted lee estas líneas, un selecto grupo de seis personas trabaja incansablemente en el único hábitat que existe por fuera de la atmósfera terrestre, en el cual es posible la vida humana de manera permanente: la Estación Espacial Internacional (EEI).
Este milagro de la ingeniería y la ciencia, que empezó a ser construido en 1998 y es producto de la colaboración de las distintas agencias espaciales del mundo, debe buena parte de su éxito al Programa de Transbordadores, inaugurado hace más de 30 años y que esta semana cumple un lustro de su jubilación.

La construcción de la EEI es solo uno de los aportes hechos por los transbordadores a la exploración del espacio exterior. Entre sus hitos más importantes se destacan la puesta en órbita del telescopio espacial Hubble y la posibilidad de hacer después adecuaciones y reparaciones, además de las incontables misiones para proveer suministros científicos para experimentos que solo pueden ser llevados a cabo en la ingravidez del espacio. (Lea también: El fin de los históricos viajes tripulados al espacio)
Julián Arenas, asesor del programa de ingeniería aeroespacial de la Universidad de Antioquia, explica que el transbordador “era la nave aeroespacial por excelencia, pues reunía las características de los diferentes vehículos que se utilizan tanto en la atmósfera como en el espacio; funcionaban como un cohete para la fase de puesta en órbita alrededor de la Tierra y operaban como una nave espacial en su vuelo por el espacio y en su fase de regreso a la Tierra”.
Arenas asegura que los transbordadores (una flota de cinco naves orbitales y dos suborbitales) fueron concebidos para cumplir dos objetivos principales: llevar astronautas y carga a órbita alrededor de la Tierra.
De este modo se dio respuesta a una necesidad que surgió después del programa Apolo, que era disminuir los costos de las misiones espaciales. “Cuando el programa Apolo de la Nasa, que puso hombres en la superficie de la Luna, terminó a principios de los años 70 –dice Arenas–, la Nasa ya venía considerando construir una nueva generación de vehículos espaciales reutilizables que eliminaran los grandes costos que implicaba estar haciendo lanzamientos con cohetes descartables”.

Lluvia roja

Uno de los elementos que se encuentran en la estratosfera, tal como se describe más arriba, se asemeja a una célula de lluvia roja, de acuerdo con el informe de los investigadores de la Universidad de Sheffield. Las células de lluvia roja también fueron objeto de un controvertido estudio afirmando evidencia de vida extraterrestre.
Partes del estado de Kerala, India, experimentaron lluvia de color rojo en 2001.
En 2001, se atribuyó a la de "esporas de algas líquenes formadoras de origen local de color" Centro de la India para los Estudios de Ciencias de la Tierra.
En 2003, fue atribuido por científicos del Centro Espacial Vikram Sarabhai a una nube de polvo de color que había viajado a la India desde el Golfo Pérsico, de acuerdo con un artículo del Times de la India a partir de ese momento.
En 2006, Santhosh Kumar y Godfrey Louis, ambos físicos de la Universidad Mahatma Gandhi en Kerala, sugirieron un vínculo entre las partículas de color rojo y un evento de explosión en el aire de meteoritos.
Encontraron células biológicas en la lluvia, dijeron que las células, extrañamente no tenían ADN. Discutieron la posibilidad de origen extraterrestre a partir de fragmentos de cometas.
Estudios realizados en Sri Lanka identificaron una variedad de microorganismos pigmentados en las lluvias de color rojo, amarillo, verde, azul y negra, caídas  en diciembre de 2012 y enero de 2013, y un análisis los relaciona a los meteoritos impactados en fechas similares, informó a La Gran Época el Dr. Anil Samaranayake, del Instituto Médico de Investigaciones de Colombo.

¿Vida alienígena llega a los cometas?

Un dispositivo de muestreo se lanzó a la estratosfera de la Tierra por los investigadores del Reino Unido en julio de 2013 y regresó con lo que dicen es evidencia de vida extraterrestre transportado sobre los cometas.
En un informe publicado en la Revista de la Cosmología de la Universidad de Sheffield, los investigadores afirmaron que el dispositivo trajo entidades biológicas “demasiado grandes para haber sido llevadas desde la Tierra".
"Como resultado de ello, se concluyó que las entidades biológicas llegaron desde el espacio, probablemente de los cometas".
El dispositivo también trajo tres entidades biológicas nunca antes vistas. Una se describe como una "superficie plana esculpida que aparece como una celda". Otra es una "estructura de escudo". Y otra es "una estructura similar a un tubo largo que posee un interior similar a la fibra".
El Diario de la Cosmología fue criticado por algunos escépticos. La revista se describe a sí misma como una publicación revisada por pares, establecida con establecida con "una política editorial a diferencia de todas las otras revistas científicas, que era una apertura a todas las ideas científicas, incluso los que no estaban de acuerdo con los editores y los que desafiaron a los ídolos acariciados del status quo". Su editor jefe es el astrofísico de Harvard-Smithsonian Dr. Rudolf Schild.

Estudio del polémico meteorito cerca de reivindicación

En 1996, el astrobiólogo jefe de la NASA David McKay, anunció el descubrimiento de la vida microscópica de Marte. Bill Clinton elogió el hallazgo, que recibió mucha publicidad, antes de ser puesto en duda, sin embargo, con la nueva tecnología investigadores de la NASA encontraron pruebas en 2011 para apoyar aún más la teoría de McKay.
"Nos sentimos más seguros que nunca de que Marte, probablemente fue una vez, y tal vez aún lo sea, el hogar de la vida", dijo McKay en una conferencia patrocinada por la NASA de 2011 sobre la astrobiología, según el Daily Galaxy .
En 1996, McKay argumentó que el metano y otros materiales encontrados en el meteorito probablemente fueron producidos por microorganismos. Otros argumentaron que los materiales pudieron ser producidos por calefacción o la descomposición de choque de la materia inorgánica.
El equipo de la NASA probó estas hipótesis y la conclusión de que la magnetita, lo más probable es que no pudo ser producida de esta manera. La teoría de que fue producida por los seres que aún viven ahí es más fuerte.
McKay murió en 2013 a la edad de 77 años.
 3. Décadas más tarde, Gilbert Levin mantiene que Viking Landers encontró vida en Marte
En 1976, los módulos de aterrizaje del Viking parecían encontrar microorganismos que viven en el suelo del planeta. Gilbert Levin desarrolló un experimento de "liberación marcada" para la NASA. Así es como trabaja, como se detalla en la revista de la Universidad John Hopkins
1. Los módulos de aterrizaje usaron una pala en el suelo de Marte. 
2. El suelo se selló en una caja con un detector de radiación para medir la radiación de base. 
3. Los nutrientes se inyectaron en el suelo en dosis. El supuesto era, si el suelo contenía microorganismos y esos microorganismos eran similares a los de la Tierra, estos tomarían los nutrientes y respirarían, lo que sería recogido por el detector de radiación.
4. Como control, otra muestra de suelo fue tomada y se calentó a un nivel que mataría a cualquier microorganismo; el mismo proceso se aplicó a la muestra.
5. Levin dijo que la diferencia en la radiación entre las dos muestras mostraría que sí hubo vida en Marte. 
6. La prueba de hecho mostró las emisiones del suelo, lo que sugirió vida, mientras que la muestra calentada mostró una ausencia de esas emisiones.

La NASA llevó a cabo otro experimento con un método diferente desarrollado por el MIT que no mostraba la vida en el suelo. Esa prueba utilizó un cromatógrafo de espectrómetro de masas de gases (GC-MS), y no para detectar compuestos orgánicos, lo que significa que el suelo no puede contener la vida tal como la entendemos en la Tierra.
La NASA dijo que el experimento de Levin debe haber sido inexacto, que una diferencia química en el suelo debió influir en los resultados, aunque Levin declaró públicamente que se necesitan más investigaciones, y que pudo ser que el suelo de alguna manera imita la respiración biológica, en privado, fue convencido de que sólo la biología (y no la química) podría ser responsable de los resultados de las pruebas del Viking lander.
En 2002, Levin dijo a la revista John Hopkins que él sigue convencido que el experimento encontró vida en Marte en 1976.

¿Meteoritos fósiles?

El astrobiólogo de la NASA Richard Hoover, dijo que encontró evidencias fósiles de cianobacterias en los meteoritos.
En un post en el sitio web de la NASA en 2007, Hoover escribió: "Se concluye que los bien conservados, filamentos fosilizados y esteras densas se encuentran en Orgueil [meteorito] representan los restos de un complejo comunitario de tapetes de cianobacterias acuáticas y bentónicas que creció en el órgano principal del meteorito antes de la entrada en la atmósfera de la Tierra".
Los escépticos dijeron que el estudio de Hoover era cuestionable, ya que las cianobacterias viven en el agua y requieren luz solar para crecer, condiciones poco probable en los cometas.

Científicos de la NASA dicen que existe vida alienígena


Aunque no todos en la comunidad científica están convencidos de que existe vida extraterrestre, varios investigadores dicen que encontraron evidencia convincente

No todos en la comunidad científica están convencidos de que existe vida extraterrestre, sin embargo, casi desde el comienzo de la exploración espacial, la investigación mostró que parecen haber señales de vida en los meteoritos o en Marte.
Varios astrobiólogos de la NASA y otros investigadores dicen que encontraron evidencia convincente de la vida extraterrestre. He aquí un vistazo a cinco estudios.