jueves, 1 de septiembre de 2016

'Habría más planetas que estrellas en el universo'

Como nunca antes en la historia de la astronomía, hoy se está más cerca de conocer cuántos planetas habitan fuera del sistema solar. La Nasa anunció este martes el hallazgo de 1.284 nuevos planetas, gracias a una novedosa técnica de análisis de los datos del telescopio Kepler.

“Este anuncio dobla el número de planetas confirmados por Kepler”, señaló Ellen Stofan, científica jefa de la sede de la Nasa en Washington (EE. UU.), quien agregó que “esto nos da esperanzas de que en algún lugar allí afuera, alrededor de una estrella similar al Sol, podamos eventualmente descubrir otra Tierra”.

Los resultados de Kepler son de tal magnitud que Paul Hertz, director de la División de Astrofísica de la Nasa, aseguró que antes de este telescopio no se conocía si los planetas eran escasos o abundantes en la galaxia. “Gracias a Kepler y a la comunidad científica, ahora sabemos que podría haber más planetas que estrellas”.

Del nuevo hallazgo, cerca de 550 podrían ser planetas rocosos, como la Tierra, de acuerdo con sus dimensiones, y nueve de ellos orbitan en zonas habitables, es decir que están a una distancia alrededor de una estrella donde son posibles temperaturas superficiales que permiten almacenar agua.

Además, Kepler halló alrededor de 707 cuerpos clasificados como otro tipo de fenómenos astronómicos y 984 candidatos a planetas que no habían podido ser identificados previamente.

De acuerdo con Santiago Vargas, Ph. D. en Astrofísica y profesor investigador del Observatorio Astronómico Nacional, la misión de Kepler fue planeada para estudiar decenas de miles de estrellas y detectar cambios en sus brillos, lo que podría deberse a planetas que, al pasar por delante de la estrella, varían la luz de esta. “Este es un fenómeno similar al que vivimos esta semana con el paso de Mercurio por el Sol”

Astronautas que vayan a Marte deberán saber cocinar

Deberán cultivar y cocinar sus propios alimentos dada la duración del viaje, afirmó el Laboratorio de Sistemas Alimenticios de la Nasa.
"Los mayores desafíos que representan los viajes a Marte se refieren al equilibrio de peso, volumen, uso de recursos y aceptabilidad de la comida", dijo Maya R. Cooper, científica del Laboratorio de Sistemas Alimenticios en Houston, Texas.
Para los viajes a la Estación Espacial Internacional (EEI), los cosmonautas viajan con 1,7 kilogramos de comida por persona y día. Sin embargo, para los viajes al Planeta Rojo, que entre ida y vuelta podrían durar cinco años, serían necesarias 3,7 toneladas, lo que complica el proyecto desde el punto de vista logístico. 
"Ahora mismo contemplamos la posibilidad de desarrollar un sistema biorregenerativo que incluya el cultivo de alimentos en el espacio y la posibilidad de enviar grandes cantidades de productos al hábitat marciano", dijo Cooper.
Estos planes exigirían una mayor preparación y procesamiento de alimentos que el actual sistema empleado en los transbordadores espaciales y la EEI, que orbita alrededor de la Tierra.  Estos sistemas biorregenerativos implicarían plantas "multifunción", es decir, que además de suministrar alimentos pudiesen liberar oxígeno para consumo de los astronautas, así como purificar el aire eliminando el dióxido de carbono generado por la tripulación. 
Por el momento, los investigadores de la NASA han seleccionado diez cultivos posibles: lechuga, espinaca, zanahoria, cebollas, rábanos, pimientos, fresas, plantas aromáticas y repollo, con los que están experimentando. 
Otra opción, según Cooper, sería enviar, uno o dos años antes de la partida de las misiones tripuladas, varias naves espaciales que actuasen a modo de "almacenes de comida". Las primeras misiones tripuladas a Marte partirían en la década de 2030.

Investigadores simulan la vida en Marte, sin salir de la Tierra

Durante los últimos cuatro meses, un equipo de investigadores estuvo viviendo en un prototipo de hábitat de Marte en un volcán hawaiano, practicando una vida aislada en el planeta rojo.
En la mayor parte del tiempo, el líder de la expedición, Casey Stedman, y sus cinco compañeros estuvieron dentro de la cúpula de 93 metros cuadrados y con energía solar, saliendo para paseos espaciales simulados y haciéndolo solo con trajes espaciales.

"No he visto un árbol, olido la lluvia, escuchado un pájaro o sentido el viento en mi piel en cuatro meses", dijo Stedman en un blog en Instagram.
Stedman es un oficial en la reserva de la Fuerza Aérea estadounidense, estudiante graduado de la Aeronautical University Embry-Riddle. "Estamos simulando una misión de larga duración en Marte, con el foco en la psicología de la tripulación en aislamiento", dijo el equipo durante una entrevista con Reddit.
Los miembros del equipo, que incluyen a un ingeniero químico de la Nasa y a un neuropsicólogo del Centro Neurológico Fort Wayne en Indiana, han estado aislados del contacto humano directo y han comido alimentos deshidratados y autoestabilizados.
"Básicamente hemos subsistido con papillas con sabor, pero papillas al fin y al cabo", escribió el miembro del equipo Ross Lockwood en Instagram. Lockwood está terminando un doctorado en física en la Universidad de Alberta.
El hábitat, que cuenta con baños orgánicos sin agua, está básicamente autosostenido excepto por un sistema de reabastecimiento y reutilización de agua cada dos o tres semanas.
Las comunicaciones con el mundo exterior han sufrido retraso temporal para igualar los 20 minutos que tardan las ondas de radio en viajar entre la Tierra y Marte. Además de una batería de encuestas psicológicas diarias, los investigadores realizan proyectos científicos y otros estudios, como expediciones en el exterior del hábitat para explorar características como las de Marte en el volcán Mauna Loa de Hawái. El paisaje es similar a una región de Marte conocida como Tharsis.
La operación, conocida como Hi-SEAS 2, comenzó el pasado 28 de marzo y concluye este viernes, pero se tardarán meses en sintetizar todos los hallazgos.
El fin del proyecto es crear líneas maestras para futuras misiones a Marte, el objetivo a largo plazo del programa espacial estadounidense.

El traje del millón de dólares

Escenas de seres humanos haciendo caminatas espaciales, como las que recientemente recreó la película ‘Gravity’, fueron, durante muchos años, acontecimientos que solo tuvieron cabida en la ciencia ficción. A estas operaciones, que llevan a cabo fuera del entorno de la nave, se les conoce como Actividad Extra-Vehicular (EVA, por sus siglas en inglés).
El primer paseo espacial fue hecho por el cosmonauta soviético Alexei Leonov, en 1965, y hoy se efectúan con bastante frecuencia. Aunque sean ahora una actividad rutinaria, las salidas de los astronautas al espacio exterior bajo condiciones extremas, siguen poniendo a prueba la tecnología y, junto con el astronauta, el gran protagonista es el traje espacial.

El traje espacial es una sofisticada máquina antropomórfica cuyo diseño es fruto de años de investigación y pruebas exigentes. Para sus portadores, estas modernas vestimentas, que pueden costar millones de dólares, representan el elemento que los mantiene con vida y les permite hacer su trabajo en el espacio: sin gravedad, con cambios de temperatura que van de -180 a 122 ºC, en ausencia de la presión atmosférica, y con alta radiación.
Solamente la falta de presión haría que en 15 segundos un ser humano perdiera la conciencia y muriera, como sucedió en un accidente en 1971, cuando tres tripulantes rusos perdieron la vida por la despresurización de la nave Soyuz.
El traje debe combinar perfectamente la funcionalidad con la comodidad, algo complicado teniendo en cuenta que el peso promedio de uno actual puede rondar los 130 kilos, aunque en realidad los astronautas no los sienten tan pesados debido a la falta de gravedad. Dentro del traje el astronauta cuenta incluso con un baño incorporado, pues tienen sistemas de almacenamiento de desechos sólidos y líquidos para casos de urgencia.
Un nuevo modelo, el BioSuit, podría revolucionar el concepto del traje espacial, acabando con la presurización con gas e implementando un traje ceñido al cuerpo, que lo envuelve en capas de material apretado y ejerce una presión mecánica que contrarresta la falta de presión en el espacio exterior. Es una especia de segunda piel.
La vestimenta para el espacio, además de los trajes usados en las EVA, incluye también otros tipos de trajes usados dentro de los vehículos espaciales, que proveen principalmente el sistema de presión estable, en caso de despresurización de la nave, y que son esenciales para el lanzamiento y el regreso a Tierra de los astronautas.

Tomates italianos del futuro para alimentar astronautas

En un futuro los astronautas cultivarán sus propios tomates en condiciones extremas, una hipótesis con la que trabaja un equipo de científicos italianos para aprovechar los nutrientes de ese alimento en los viajes al espacio.

Estos conviven con albahacas y otras especies en un ambiente particular: sin tierra en la que hundir sus raíces, se nutren de agua y sales minerales mientras reciben la luz solar y de lámparas led.

En ese huerto de cultivos hidropónicos (sin suelo), los tomates han sido los únicos seleccionados para un proyecto financiado por la Agencia Espacial Italiana que busca hallar una planta ideal capaz de ser cultivada en estaciones en órbita como la Estación Espacial Internacional (EEI).

"Nuestro deber es buscar una planta que tenga un ciclo muy breve, sea pequeña y produzca una cantidad de moléculas bioactivas que sean eficaces para la vida en condiciones extremas", aseguró a Efe Eugenio Benvenuto, responsable del laboratorio biotecnológico de la Agencia italiana para las nuevas tecnologías, la energía y el desarrollo económico sostenible (ENEA).

Esta institución es la encargada de experimentar con una determinada variedad de tomate con vistas a facilitar la vida de los astronautas en misiones de larga duración, ya sea -por ejemplo- a Marte o a la Luna, en medio de condiciones como la ausencia de peso, las radiaciones cósmicas o los campos electromagnéticos.

Muere el astronauta Edgar Mitchell, el sexto hombre en pisar la Luna

El astronauta Edgar Mitchell, integrante de la expedición del Apolo 14 y el sexto hombre en pisar la superficie lunar, falleció a la edad de 85 años en West Palm Beach, en el sureste de Florida (EE.UU.), informaron hoy sus familiares en un comunicado.
El ingeniero aeroespacial murió el jueves, precisó su hija Anita Mitchell, al periódico local The Palm Beach PostMitchell falleció poco después de conmemorarse el 45 aniversario de la misión Apolo 14, una expedición lunar de 10 días duración que estuvo compuesta también por Alan Shepard y Stuart Roosa y que despegó de la Tierra el 31 de enero de 1971.

"Como miembro del Apolo 14, Edgar es una de las únicas 12 personas que caminaron sobre la Luna y ayudó a cambiar cómo vemos nuestro lugar en el universo", señaló hoy en una nota el administrador de la NASA, Charles Bolden. Tras alunizar el 5 de febrero de ese año, Mitchell y Shepard desarrollaron sobre las zonas montañosas de Fra Mauro una expedición de 33 horas, hasta ese entonces la estancia más larga sobre suelo lunar, mientras que Roosa se mantuvo orbitando la zona en la nave.
En su única expedición a la luna, que concluyó el 9 de febrero, Mitchell ayudó a recolectar 41 kilos de rocas y muestras de tierra, que posteriormente fueron distribuidas para ser analizadas entre 187 equipos científicos de Estados Unidos y 14 países, según la NASA. Nacido el 17 de septiembre de 1930, en Hereford, Texas, Mitchell obtuvo un doctorado en Ciencias Aeronáuticas por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y fue seleccionado para sumarse a la NASA en abril de 1966.
Poco después de su expedición, el astronauta se retiró de la agencia aeroespacial y en 1973 fundó el Institute of Noetic Sciences, con el fin de abordar desde varias disciplinas científicas el estudio de la percepción humana, de acuerdo con el comunicado de la familia y que publicó la Fundación de Estudios Astronautas, de la que fue miembro de su junta de directores.
La naturaleza de la conciencia humana fue su principal foco de interés científico, sin duda alimentada tras su experiencia lunar, y que marcó su posterior trayectoria fuera de la NASA. Mitchell fue autor de diversas publicaciones, entre ellas "El Camino de los Exploradores" (1966), en la que escribió: "Hay una percepción de que nuestra presencia como viajeros espaciales y la existencia del universo en sí mismo, no fue accidental sino que hubo un proceso inteligente en curso".
Una de las dos hijas del astronauta, Karlyn Mitchell, describió a su padre como un hombre de "extraordinarios talentos y tremenda fortuna" y que nunca se cansó de "animar a otros a luchar y explorar".

Explota un cohete en las instalaciones de Space X en Cabo Cañaveral

Las instalaciones que la empresa aeroespacial Space X tiene junto a la estación de lanzamientos al Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral (Florida), sufrieron, este jueves, varias explosiones que crearon una intensa columna de humo negro.
Space X explicó en un comunicado que se produjo una "anomalía" en la plataforma de despegue que provocó la "pérdida del cohete y su carga". "Por procedimiento estándar, en la plataforma de despegue no había personal y no se produjeron heridos", indicó la firma. Las explosiones se sintieron a varios kilómetros de distancia y dejaron una columna de humo que se pudo ver desde una larga distancia, según fotografías subidas a las redes sociales.

El departamento de Emergencias del condado de Brevard, donde se encuentra Cabo Cañaveral, informó que estas explosiones "no suponen una amenaza para el público" debido al incendio registrado durante las pruebas que se llevaban a cabo en la plataforma de despegue de Space X. A las 10:20 hora local (14:20 GMT), el incendio estaba cerca de ser extinguido, aunque todavía salía humo de la zona.
En la plataforma de despegue se encontraba un cohete Falcon 9, que tenía previsto poner en órbita el próximo día 3 de septiembre el satélite de comunicaciones Amos 6 para la firma israelí Spacecom. El satélite iba a proporcionar servicios de comunicaciones en una zona que cubriría desde la costa de EE.UU. a Europa, África y Oriente Medio, así como reforzar las necesidades de comunicaciones del Gobierno israelí.
Esta no es la primera vez que este tipo de cohete sufre una explosión, después de la registrada en junio de 2015 poco después de su despegue. La empresa aeroespacial SpaceX está dirigida por el empresario Elon Musk, quien también fundó la firma de vehículos eléctricos Tesla.

Atmósfera de Plutón se parece a la de la Tierra

Hace un año, el mundo astronómico tenía puestos los ojos en la Nasa. Tras más de nueve años de travesía, la sonda New Horizons (Nuevos Horizontes), lanzada por la agencia espacial en enero del 2006, estaba a días de alcanzar el punto más cercano a Plutón, uno de los planetas enanos ubicados al borde del sistema solar.
Entre quienes cruzaban los dedos porque la nave emitiera, el 14 de julio del año pasado, el mensaje de “estoy bien”, estaba la reconocida geóloga Adriana Ocampo, una de las colombianas que más alto ha llegado en el campo de la investigación espacial.

Hoy lidera el programa Nuevas Fronteras de la Nasa, que abarca una serie de misiones que buscan estudiar varios planetas del sistema solar, como Plutón (con la exitosa New Horizons) y el gigante Júpiter, con Juno. Con la misma ansiedad de hace un año, la investigadora espera que el lunes esta sonda culmine con éxito cinco años de viaje y entre en la órbita de este planeta.
De acuerdo con Ocampo, el objetivo es llegar a una de las preguntas más básicas: ¿cómo se formaron el sistema solar y sus planetas? Incluso se espera obtener información sobre el papel que tuvo Júpiter para que se diera la vida en la Tierra. Se especula, de hecho, que ese planeta pudo haber actuado como una ‘licuadora’ en el proceso de formación del sistema solar, y atraer de afuera la molécula de agua, que pudo acabar siendo absorbida por el campo gravitacional de nuestro planeta.
La investigadora, que vino a Colombia para disertar sobre los logros, retos y hallazgos del programa que encabeza, en el marco del simposio ‘Servicio Geológico Colombiano: 100 años de producción científica al servicio del país’, hizo un balance de lo aportado por la misión a Plutón: “Nuevos Horizontes nos abrió los ojos, porque entendimos que nuestro entorno planetario es mucho más rico, diverso y complejo de lo que pensábamos”, dice.
¿Cuáles son los descubrimientos que han hecho este año sobre Plutón?
Nos sorprendió que Plutón es mucho más dinámico. Por ejemplo, encontramos que tiene grandes bloques de hielo que se mueven bajo un fluido que parece ser un material líquido compuesto de nitrógeno y metano. También cuenta con grandes montañas y valles, así como superficies mucho más antiguas con actividad tectónica de unos 4.000 millones y medio de edad.
El solo lanzamiento de New Horizons potenció el conocimiento sobre este planeta…
El sistema plutoniano se puso mucho más complejo desde entonces, porque gracias al telescopio espacial Hubble se descubrieron cuatro lunas más. Ahora el planeta enano tiene cinco satélites y esto hizo que el sobrevuelo de Nuevos Horizontes fuera mucho más complejo y difícil de diseñar. Nos estamos dando cuenta de que Plutón tiene una atmósfera muy parecida a la de la Tierra, compuesta en un 49 por ciento de nitrógeno, mientras que la de nosotros es del 80 por ciento. También tiene capa de ozono.
¿Qué sabemos hoy sobre las lunas de Plutón?
Lo que se piensa sobre las cinco lunas (Caronte, Nix, Hidra, Estigia y Cerbero) es que son fragmentos de un megachoque que ocurrió en Plutón. Plutón y Caronte sí están sincronizadas como la Tierra y su luna, de la cual siempre vemos la misma cara. Las demás no.
¿Cuál es la limitación de misiones como New Horizons?
Todos los sistemas hasta este momento están trabajando perfectamente, de hecho tiene una batería que dura 80 años, pero el medio siempre es riesgoso. Sabemos que la parte financiera juega un papel importante y todo eso depende del Congreso de los Estados Unidos, para que apoye la extensión de las misiones.
Los bloques de hielo muestran, tal como en la luna Europa, que podría haber agua en otros lugares ¿Sirve esto como opción si los humanos queremos salir del planeta?
Estas son misiones muy importantes para la Nasa y la comunidad científica, porque se sabe el enlace tan profundo entre el agua líquida y el origen de la vida, tal como la conocemos. Cada vez que encontramos agua en cualquier parte del sistema solar, nos sentimos muy entusiasmados con la posibilidad de que sean lugares en los que esta aflore. Hemos pensado que si vamos a mandar tripulación, debe haber agua y, en este caso, Marte es el planeta cercano que tiene ese ingrediente, como lo confirmamos con la misión Curiosity.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Primer robot astronauta que va al espacio

Kirobo fue enviado a la Estación Espacial Internacional (ISS) para hacerle compañía al astronauta Koichi Wakata, quien llegará a la ISS a finales del 2013.
“¡Hola a todo el mundo en la Tierra! Soy Kirobo. Soy el primer robot astronauta del mundo que habla. Mucho gusto”, fueron las primeras palabras del robot astronauta que es capaz de hablar con naturalidad, caminar, reconocer caras y registrar imágenes. (Ver video)
Este pequeño de sólo 34 centímetros de altura y 1 kilogramo fue ideado por el especialista en robótica Tomotaka Takahashi y desarrollado por investigadores de la universidad de Tokio, de Toyota, de la Agencia de Exploración Espacial (Jaxa) y del grupo publicitario Dentsu.
“El 21 de agosto de 2013, un robot dio un pequeño paso hacia un futuro mejor para todo el mundo”, dijo Kirobo en una frase que recuerda a la pronunciada por Neil Armstrong en 1969.
El miércoles, se mostraron por primera vez las imágenes de Kirobo en el espacio durante una sesión del Comité Olímpico Internacional (COI) en Buenos Aires.
El robot, que puede posar como un atleta, mostró su apoyo a la candidatura de Tokio para organizar los Juegos Olímpicos del verano de 2020. La capital nipona compite con Madrid y Estambul y la decisión se anunciará el sábado.
Kirobo llegó a la estación espacial el mes pasado con 5,4 toneladas de material y víveres para los residentes de la ISS.
Kirobo está inspirado en “Astro el pequeño robot” (o Astro Boy), un personaje de manga (cómic japonés) que imaginó el dibujante Osamu Tezuka.
El objetivo del proyecto Kirobo es estudiar en qué medida un robot de compañía puede aportar apoyo moral a personas aisladas durante un largo periodo de tiempo.

Así se entrenan los astronautas del futuro

En la película Gravedad, Sandra Bullock estira los brazos y trata desesperadamente de asirse a una saliente del módulo Zarya de la Estación Espacial Internacional. En el vacío del espacio, su cuerpo da tumbos como una muñeca de trapo suspendida bajo el agua. Al no haber aire que genere resistencia contra sus movimientos, sus piernas fustigan el entorno sin avanzar un centímetro. Es una sensación increíblemente frustrante. Y es idéntica a la que yo misma he vivido en cuatro vuelos a bordo del avión simulador de microgravedad KC-135A (el ‘Cometa del vómito’) y en ejercicios de realidad virtual en el Centro Espacial Johnson, durante una serie de visitas para cubrir el riguroso y efectivo entrenamiento de un astronauta.
Porque en la Nasa, cualquier cosa asociada con los vuelos espaciales que pueda ser simulada lo es. Desde los sistemas de maniobras orbitales de una cápsula hasta el WCS (Waste Collection System), es decir, el baño. Especialmente el baño. “No me importa si no aprenden a reparar el sistema eléctrico o el de comunicaciones. Pero si uno de ustedes no domina el uso del WCS, juro que lo dejo allá arriba”, amenazó un conocido comandante de transbordador espacial a su tripulación.
La historia de la preparación de un astronauta comenzó el día en que la Nasa recibió órdenes de seleccionar siete veteranos pilotos militares para el proyecto Mercury, en 1959, el primer programa espacial tripulado estadounidense. Esos siete hombres fueron escogidos a dedo, después de pasar por una clase de exámenes físicos y mentales que fueron inmortalizados tanto en su propio libro, Nosotros siete, como en el popular Elegidos para la gloria, de Tom Wolfe.
En ese entonces no se sabía nada sobre los efectos que el espacio podría tener en el cuerpo humano, y se enfatizaba en un entrenamiento centrado en dos partes: adquirir una enorme resistencia física y dominar las complejidades de la aviación en todas sus formas. Un piloto de pruebas o de cazabombardero era, pues, un candidato ideal.
Hoy sabemos que la falta de gravedad por espacios prolongados de tiempo causa pérdida de masa ósea y muscular, aumenta el riesgo de cálculos de riñón, altera el ritmo cardíaco, hace que la sangre se suba a la cabeza y genera cambios en el sistema neurovestibular (el sentido del equilibrio). Pero son cambios que cualquier persona sana puede tolerar, y que se revierten al regresar a tierra. Por eso, ahora los astronautas provienen de toda clase de trasfondos, aunque siguen necesitándose aviadores con miles de horas de experiencia. Pero ya que tenemos un laboratorio en órbita –la Estación Espacial Internacional, a la que llevamos visitando hace 10 años– y que los vuelos de larga duración (seis meses como mínimo) permiten hacer variados experimentos científicos, son necesarios expertos en varias disciplinas. Hay astronautas médicos, biólogos, toda la gama de ingenieros y hasta los ha habido veterinarios.
Por ejemplo, entre los últimos ocho candidatos a astronautas seleccionados entre 6.100 aspirantes por la Nasa hace pocos meses hay un físico, una oceanógrafa, una meteoróloga, un médico y cuatro pilotos militares. No obstante sus grados académicos previos, estos candidatos tienen que someterse a un entrenamiento de dos años antes de ser considerados oficialmente como astronautas. Y desde que son aceptados como aspirantes hasta que reciben su primera asignación para volar a la Estación Espacial Internacional pueden pasar 8 años de espera y un riguroso entrenamiento.
Ese aprendizaje comienza con intensas sesiones de clase donde los candidatos absorben los complejos sistemas de la Estación Espacial y las naves que se usan para ir hasta ella: la cápsula rusa Soyuz, la cápsula Orión (en construcción aún) y los vehículos no tripulados privados y de otras agencias espaciales que acarrean carga rutinariamente de forma automatizada.

China presenta primer vehículo lunar para transporte de astronautas

 El primer vehículo lunar chino que podrá transportar seres humanos fue presentado en la última Feria de Alta Tecnología de Chongqing (ciudad del centro del país), lo que aumenta las posibilidades de que el país envíe pronto astronautas al satélite terrestre, informó el diario oficial China Daily.
El vehículo, de cuatro ruedas y sin otra carrocería que un ligero armazón de tubos metálicos, fue la estrella de la undécima edición de la feria y muchos expertos lo interpretaron como un posible adelanto de la primera misión tripulada a la Luna, en principio pensada para la próxima década, pero que podría adelantarse.
El aparato fue desarrollado con financiación estatal por el Centro de Exploración Espacial, dependiente del Ministerio de Educación chino, aunque también colaboraron en su investigación la Administración Estatal de Ciencia, Tecnología e Industria y el Ministerio de Defensa.
Diseñado para llevar a dos astronautas y pesadas cargas, el prototipo comenzó a desarrollarse a finales del pasado año, destacó Zhan Hanjing, jefe del equipo de diseño del vehículo.
Hasta ahora solo Estados Unidos ha llevado vehículos conducidos por el hombre a la Luna, en las misiones Apolo XV, XVI y XVII, entre 1971 y 1972.
China se convirtió en diciembre del pasado año en el tercer país en conseguir un alunizaje controlado, tras EE.UU. y la Unión Soviética, y además desplegó en esa misma misión un explorador lunar no tripulado, el Yutu (Conejo de Jade).
Un hito que solo los soviéticos habían conseguido anteriormente, con los vehículos rodantes Lunokhod, que exploraron suelo selenita entre 1970 y 1973.

China estudia menú de gusanos para los astronautas

Tres voluntarios participaron en un experimento del programa espacial de China en el que se han alimentado básicamente de gusanos durante más de tres meses con el fin de probar que el ser humano puede mantenerse con este tipo de dieta en largos viajes por el cosmos.
Según señala este miércoles el diario ‘South China Morning Post’, los tres voluntarios, un hombre y dos mujeres, han estado encerrados en una estructura aislada del exterior, el ‘Palacio Luna Uno’, en el que se ha intentado reproducir las condiciones de un viaje espacial y cómo repercutiría en ellos una dieta tan poco común.

Comer insectos y gusanos en el espacio, donde la dieta de los astronautas se complica en viajes de largo recorrido, es una idea que los investigadores chinos propusieron por primera vez hace cinco años, tras los primeros vuelos tripulados de astronautas de China por el cosmos.
El experimento actual se llevó a cabo en la Universidad de Aeronáutica y Astronáutica de Pekín, dotada de instalaciones capaces de crear un medio ambiente aislado del exterior a través de tecnologías bioquímicas. Los voluntarios pasaron 105 días comiendo a diario docenas de larvas de tenebrio (un tipo de escarabajo) muy ricas en proteínas y no mostraron ningún perjuicio físico o mental con esta dieta, pese a que ninguno de ellos la había seguido antes (en algunas regiones de China los gusanos son un ingrediente habitual de la gastronomía local).
La dieta seguida en el experimento no estuvo completamente basada en gusanos, puesto que un 45 por ciento de ella eran vegetales cultivados en el mismo entorno cerrado, aunque los investigadores plantean que en próximos estudios los sujetos aislados sí coman únicamente larvas.
"Pueden causar desagrado al principio, pero en realidad son la fuente alimentaria más limpia y sana", aseguró a los periodistas el investigador Hu Dawei, uno de los miembros del equipo que condujo el experimento.

55 años asomados al universo

Hace 55 años, cuando el cielo dejó de ser el límite, el hombre dio el primer paso en su aventura espacial. El cosmonauta ruso Yuri Gagarin, a bordo de la nave Vostok 1, completó una órbita a la Tierra y de esta forma la humanidad empezó la conquista del espacio exterior. No es fácil explicar la fascinación que produce la exploración, pero parece ser una impronta en los genes humanos, que cargan a la especie de una curiosidad innata.

Resulta curioso ver que en la historia las diferencias ideológicas han sido la base de grandes enfrentamientos entre países poderosos, pero esa atracción natural por lo extraorbital terrestre logró juntar a Estados Unidos y a la Unión Soviética –algo que parecía imposible– bajo el objetivo de conquistar el espacio. Sin duda, esta es la rivalidad entre naciones que más beneficios ha traído al desarrollo científico y tecnológico de la especie.

Así nació la carrera espacial, una pugna marcada por el orgullo y el nacionalismo, que tuvo su punto de partida en 1957 con la puesta en órbita del Sputnik 1, el primer satélite artificial de los soviéticos. Tras esa hazaña vinieron casi dos décadas de triunfos y fracasos: el viaje de Gagarin, el vuelo de la perrita Laika, el primer paseo espacial con Alexei Leonov y el anhelo cumplido de pisar la Luna en julio de 1969.

En 1975, el apretón de manos entre el estadounidense Thomas Sttaford y el ruso Alexei Leonov, a través de la escotilla de la nave Soyuz, 200 kilómetros arriba de sus casas, marcó el fin de esta “confrontación” y el comienzo de una era de apoyo mutuo en la conquista del espacio, que hoy tiene como único oponente la escasez de recursos.

Pero esa austeridad no ha impedido poner naves en cometas, coquetearle a Plutón en el borde del sistema solar, que el Voyager 1 recoja rayos cósmicos a 20.000 millones de kilómetros de aquí, que el día del aniversario 55 del viaje de Gagarin se lance un proyecto para enviar pequeñas naves a otros sistemas solares, como Alfa Centauri, y que muchos sectores se sigan nutriendo de los avances de esta carrera fascinante, que sigue sorprendiendo a la misma ciencia y a una humanidad curiosa por saber si hay vida en otro planeta.

Tres retos de la Nasa para llevar al hombre a Marte

Crear oxígeno artificial en Marte con un experimento del robot explorador que sustituya al Curiosity y desarrollar un motor de propulsión solar para viajar por el espacio profundo son dos grandes propósitos que la Nasa se traza para el 2020.

Así lo señaló la administradora adjunta de la agencia espacial estadounidense Dava Newman, en un encuentro con periodistas en Viena (Austria), donde asistió a una reunión de la Oficina de Naciones Unidas para el Espacio Exterior.
“Estamos haciendo las inversiones necesarias y estamos más cerca que nunca en la historia de la civilización humana de mandar a humanos a Marte en la década de 2030”, expuso la experta.

Newman explicó que la Nasa cuenta con una hoja de ruta de tres etapas para desarrollar una misión tripulada al planeta rojo en la década del 2030, para lo que además del desarrollo tecnológico se debe evaluar el impacto en la salud de largas estancias en el espacio. Desde el 2010, la agencia viene estudiando los efectos que una estancia prolongada en el espacio puede tener en el cuerpo humano, pues la radiación espacial puede aumentar las probabilidades de cáncer y periodos largos de ingravidez debilitan la masa ósea.

En una segunda fase, la agencia espacial estadounidense pretende desarrollar misiones al espacio profundo –más allá de la influencia gravitatoria de la Tierra y la Luna– con la cápsula espacial Orión y el cohete pesado SLS.

Así, en la próxima década, la Nasa espera enviar una misión tripulada a explorar un asteroide, una experiencia en la pondrá a prueba nuevas tecnologías y capacidades indispensables para llegar a Marte.

La tercera fase supondría llegar al planeta rojo en la década del 2030, crear en su superficie instalaciones habitables para largos periodos y procurar que, en lo posible, sus necesidades dependan lo menos posible de la Tierra. Para ello son importantes experimentos como el que desarrollará el próximo robot explorador que sustituya al Curiosity, y que incluye la creación de una pequeña cantidad de oxígeno en el 2020 a partir de la propia atmósfera del planeta rojo.

“Sería la primera vez que se crearía oxígeno en otro planeta”, destacó Newman.

La Nasa probó el cohete más poderoso del mundo

La Nasa probó por segunda vez un cohete en tierra que será usado en misiones tripuladas a Marte, en las instalaciones de su Centro de Sistemas de Propulsión Orbital ATK, en Utah (Estados Unidos).
Esta es la última prueba con el cohete en un ambiente controlado antes del vuelo con la nave espacial Orión, la cual se usará en la misión ‘Exploración Misión-1’, en el 2018.

La prueba le dará datos a la Nasa sobre el empuje del cohete, así como de la temperatura del motor para asegurarse que no supere los 40 grados Fahrenheit, unos 4 grados Celsius.
La primera prueba se completó satisfactoriamente en marzo del 2015 y el propulsor demostró un desempeño aceptable a 90 grados Fahrenheit, unos 32 grados Celsius. La Nasa explicó que probar la resistencia del cohete a las condiciones de temperatura que se enfrentará en misiones reales es clave para garantizar el buen desempeño en las misiones futuras.

Agua en Júpiter, prioridad para la misión Juno

Desde el 24 de junio, la sonda Juno entró en la órbita de Júpiter; lo hizo luego de un viaje de cinco años, en el que recorrió casi 3.000 millones de kilómetros (equivalentes a darle la vuelta a la Tierra alrededor del ecuador unas 72.000 veces). Con la entrada en el campo gravitacional de Júpiter, Juno hace parte, oficialmente, de la estructura más grande del Sistema Solar: la magnetósfera del más grande del gigante planetario.
Juno es la primera misión enviada a Júpiter que utiliza energía solar para alimentar todos los instrumentos y sistemas de comunicación, y se destaca por la cantidad de instrumentos que opera con tan solo 500 Watts, menos de lo que consume un secador de pelo corriente. Algo realmente impresionante.

Los paneles solares de la nave reciben menos energía una vez la sonda se va alejando del Sol; esto quiere decir que la energía recibida por dichos paneles solares es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia: por ejemplo, si tomamos a la Tierra como punto de partida, la energía que recibirá será igual a 1. Al doble de la distancia, recibirá 1/4. Si se aleja 3 veces la misma distancia, recibirá solo 1/9 de la energía inicial y así sucesivamente. Es por esto que los instrumentos deben tener una eficiencia máxima.
Los objetivos científicos de Juno se dividen en cuatro grandes temas: 1) Origen: Determinar la abundancia de agua a nivel global en Júpiter y establecer un límite máximo a la masa de su denso núcleo, con el fin de descartar o corroborar las teorías sobre su formación. 2) Interior: entender la dinámica interna a través de métodos indirectos, es decir, estudiando su campo gravitacional y magnético con gran detalle. 3) Atmósfera: mapear las variaciones en composición, temperatura, opacidad por presencia de nubes y dinámica a más de 100 veces la atmósfera terrestre en todas las latitudes. 4) Magnetósfera: caracterizar y explorar la estructura de la magnetósfera polar y las auroras polares.
Dentro de estas directrices cobra especial importancia la primera, la búsqueda y estudio de vapor de agua en la atmósfera del gigante planetario. Este será, sin duda, uno de los mayores retos de esta misión, pues, al estar el planeta compuesto principalmente de hidrógeno y helio, los dos elementos más abundantes en el Sistema Solar, el tercer elemento en abundancia, el oxígeno, estaría presente en esta molécula (dos átomos de hidrógeno por uno de oxígeno). Su estudio ayudará a los científicos a entender bajo qué condiciones y cómo se pudo haber formado el Sistema Solar hace 4.500 millones de años.